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El V Congreso Internacional
de la Unión Romaní celebrado en Praga ha servido, entre
otras cosas, para poner de manifiesto el deseo y la exigencia de los propios
gitanos de ser artífices de su propio destino. Más allá
de los aspectos puramente representativos o de organización, por
encima de quienes sostienen, con razón, que el Congreso lo ha sido
más de los gitanos del Este de Europa que de todos los gitanos
europeos, la verdad es que este acontecimiento ha servido para sacar del
letargo a nuestra organización que se ha manifestado ineficaz a
la hora de dar respuesta a los grandes retos a los que los gitanos de
hoy nos hemos de enfrentar.
Tal vez no esté de más recordar, una vez
más, que la inmensa mayoría de los gitanos del mundo viven
en el Este de Europa. Dos millones y medio están repartidos entre
las dos américas, algo menos de dos millones en los quince estados
miembros de la Unión Europea, y ocho millones de gitanos viven
entre Rusia y la Alemania Comunitaria. Deberemos acostumbrarnos, pues,
una vez llegada la libertad a los ciudadanos de aquella parte del mundo,
a que nuestros hermanos gitanos del Este ocupen los puestos a los que,
por lógica democrática, tendrán mayores posibilidades
de acceder que quienes vivimos en esta otra parte del mundo menos poblada
de gitanos.
Mucho tendremos que hablar en el futuro de estas cosas.
La organización internacional de los gitanos exige por parte de
todos nosotros un esfuerzo de generosidad con el fin de saber renunciar
a los puestos que algunos hemos ostentado hasta ahora, para dejar paso
a quienes vienen empujando, con fuerza, con mucha representación
gitana detrás.
Bienvenido sea, pues, el V Congreso Internacional de
la Unión Romaní. Su convocatoria era necesaria y sus conclusiones
nos parecen sumamente oportunas. Y a ellas habremos de referirnos continuamente
en los años próximos, siquiera sea para no defraudar, una
vez más, a quienes esperan de la Unión Romaní Internacional,
el liderazgo que siempre ha ostentado en la defensa de los derechos del
pueblo gitano.
En este número de “I Tchatchipen”
publicamos esas conclusiones y nos hacemos eco de la Declaración
de Nación adoptada en Praga. Y lo hacemos con legítima satisfacción
porque desde la Unión Romaní española, cuando nadie
hablaba de estas cosas, nosotros ya apostábamos por el reconocimiento
del pueblo gitano como una nación más, compuesta por hombres
y mujeres que se sienten parte integrante de una misma comunidad histórica
y cultural.
El secretario General de nuestra organización,
Antonio Torres Fernández, se adelantó a esta declaración
de Praga escribiendo un librito que premonitoriamente se tituló
“Los Gitanos somos una nación” y que fue prologado
por Juan de Dios Ramírez-Heredia. Hoy, catorce años después,
nos complace comprobar que en Praga se recogen las tesis mantenidas por
ambos desde entonces. En su publicación, Antonio Torres escribe:
“Los Gitanos tenemos conciencia de Nación... Los gitanos
somos conscientes de que la Nación Gitana en su actuación
busca la Justicia y la utilidad general... Nosotros, los gitanos, pertenecemos
a nuestra nación, o lo que es lo mismo, seremos gitanos mientras
que libremente queramos ser iguales a los demás gitanos y mantengamos
el deseo de seguir siendo gitanos.” Hoy, los gitanos europeos reunidos
en Praga dicen: “Nosotros, los gitanos, hacemos una llamada para
conseguir el reconocimiento de nuestro pueblo como nación... Somos
una nación, compartimos una misma Nosotros, los gitanos que integramos
la Unión Romaní española, tal como se ha acordado
en Praga “somos conscientes de que la principal característica
de la nación gitana –la de constituirnos como nación
sin necesidad de establecer un estado– hoy en día es una
fuente de libertad y legalidad para cada individuo y para el buen funcionamiento
de la comunidad mundial”
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