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Recientemente la organización
"Médicos del Mundo" ha celebrado en París unas
importantísimas jornadas en las que se han abordado no solo los
problemas relacionados con la salud de los gitanos europeos, que son ciertamente
muchos y gravísimos, sino también las consecuencias que
para el normal desarrollo de nuestra comunidad acarrea el estado de marginación
y miseria con que vive buena parte de nuestra gente.
Frente a cualquier
planteamiento fácil que pudiera parecer demagógico, Médicos
del Mundo ha optado por el rigor en el análisis y la responsabilidad
antes de emitir juicios precipitados. Estas jornadas, pues, nos han parecido
ejemplares y por ello, desde aquí, felicitamos a sus impulsores.
Esperamos que sus conclusiones y propuestas no vayan a parar al cajón
de los buenos proyectos que duermen en los despachos oficiales de los
gobiernos o de la Comisión de la Unión Europea.
No obstante, desde
este comentario editorial, queremos hacernos eco de la llamada a la movilización
de los ciudadanos europeos que han realizado con el fin de garantizar
el respeto de los derechos fundamentales de los gitanos. Llamada que contiene
una serie de reflexiones ante las cuales no debemos permanecer indiferentes.
Toda violación
de los derechos fundamentales, dicen los reunidos en París, tiene
una grave repercusión sobre el estado físico y mental de
las personas que la padecen. Esta es una consideración en la que
pocas veces nos detenemos siendo, posiblemente, una de las más
decisivas a la hora de entender los comportamientos de los segmentos de
población mayormente marginados de nuestra comunidad. Cuando la
dignidad humana es pisoteada por quienes tienen en sus manos los resortes
para luchar contra las agresiones de todo tipo que padecen los marginados;
cuando hay familias enteras que carecen, incluso de la alimentación
necesaria para subsistir; cuando la vida transcurre en barrios inmundos
o en núcleos chabolistas rodeados de ratas y de basura, se comprende
el estado de degradación en el que transcurre la vida sin horas
de estas personas.
Los derechos humanos
son universales e indivisibles y pertenecen a todas las personas sin distinción.
Con esta afirmación Médicos del Mundo repudia cualquier
tipo de paternalismo al que tan fácilmente se propende a la vista
de tanta tragedia. Nosotros, los gitanos, llevamos mucho tiempo diciendo
que exigimos por razones de justicia lo que a veces se nos da por motivos
caritativos o simplemente de solidaridad ciudadana. Agradecemos, como
no, todas las ayudas que se nos puedan brindar, pero manifestamos que
han de ser la propia sociedad y los representantes de los ciudadanos quienes
deben arbitrar los medios necesarios para que el disfrute de los derechos
y obligaciones que nos corresponden los podamos ejercitar con absoluta
normalidad. Se hace muy bien al subrayar que a todos los seres humanos
se les reconoce una igual dignidad y que el respeto de ésta es
el fundamento de toda sociedad democrática.
Los gitanos europeos,
constatan los jornalistas, son víctimas de un racismo profundamente
enraizado, que sufren de prejuicios persistentes en su contra y que son
blanco de actos a veces violentos de racismo e intolerancia. Al mismo
tiempo se reconoce que sus derechos fundamentales son violados o amenazados
de manera regular especialmente en lo que concierne a la protección
de la salud, al derecho a la educación, a condiciones de vida decentes,
a la protección social, al trabajo, a la representación
política, a una buena administración de la justicia al tiempo
que se afirma que las discriminaciones que sufren en numerosos aspectos
de la vida económica y social tienen como consecuencia atentados
graves contra la salud.
Luchar contra el
racismo, la xenofobia, el antisemitismo y la intolerancia es el deber
de todo ciudadano y se inscribe en el cuadro más general de lucha
por la promoción y la protección de los derechos humanos.
Permanecer insensible ante el sufrimiento de tantos seres humanos, amparados
en la distancia o en la indiferencia, es sembrar para mañana la
semilla del odio y el enfrentamiento. Por el contrario, responder con
generosidad a esta llamada a la movilización ciudadana en defensa
de los derechos humanos de los gitanos es sentar las bases para la mejor
convivencia entre unos y otros, en el respeto mutuo y en la más
fraterna solidaridad. |