PRESENTACIÓN
NUEVAS FORMAS DE DISCRIMINACIÓN
La publicación de la Memoria de nuestras actividades no puede entenderse sin una referencia al momento social que vive la sociedad española en su conjunto. Nosotros, desde hace dieciocho años, venimos dando cuenta, puntualmente, año tras año, de lo que hacemos y en qué gastamos el dinero que la Administración pone en nuestras manos. Pero el alcance de nuestra acción es muy limitado. Las necesidades son demasiadas y los recursos con que contamos escasamente si alcanzan para mantener lo que hasta ahora se ha venido haciendo, pero sin permitirnos avanzar lo que las necesidades demandan y los gitanos reclaman.
Y es que una buena parte de la sociedad española ha puesto fijamente sus ojos sobre nosotros. Lo acabamos de decir en la publicación PERIODISTAS CONTRA EL RACISMO, correspondiente al año 2002. Es curioso que los españoles estén ahora preocupados por la presencia, cada día más numerosa, de minorías étnicas entre nosotros. Sobre todo porque aquí se ha negado siempre que existieran esas minorías. Tan sólo los gitanos hemos podido resistir durante siglos a ese afán asimilador que, por la vía de la persecución y la amenaza de las galeras, han pretendido, en todas las épocas, los gobernantes españoles. Efectivamente, al principio de la Edad Moderna, los poderes de la época impusieron una rígida homogeneización étnica, religiosa y cultural en España. Los Reyes Católicos exiliaron a los judíos en 1492 y Felipe II desterró a los moriscos en 1609, con lo que España se quedó sin las dos minorías más importantes que convivían, desde siempre, entre nosotros. Hoy, las minorías que han llegado hasta aquí, responden a otra tipología y se mueven empujadas por el hambre o la marginación que sufren en sus países de origen.
En los últimos años, las calles de las principales ciudades españolas se han ido llenando progresivamente de inmigrantes procedentes de América del Sur, de la Europa del Este y del Norte de África, creando un mosaico de costumbres, historias y valores en el seno de nuestra sociedad. Ante esta realidad, se ha generado una importante corriente que defiende los valores del interculturalismo. Aboga por el respeto de las diversas culturas dentro de un marco común, por el conocimiento de tradiciones originarias de diferentes puntos del planeta y por la convivencia en condiciones de igualdad entre todos los ciudadanos. Pero, ¿es realmente posible en estos momentos esa interculturalidad?
La Declaración final de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Otras Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Durban (Sudáfrica) en septiembre de 2001 reafirmó todos los Convenios y Pactos internacionales celebrados a instancias de las Naciones Unidas y puso énfasis en resaltar algunos aspectos directamente relacionados con la existencia de minorías étnicas.
Especial importancia tiene la declaración, unánimemente aceptada, de la riqueza que representa la diversidad cultural. La Conferencia “reafirma que la diversidad cultural es un valioso elemento para el adelanto y el bienestar de la humanidad en general, y que debe valorarse, disfrutarse, aceptarse auténticamente y adoptarse como característica permanente que enriquece nuestras sociedades”. Creo que no se puede decir más claro ni más bellamente.
Algo tendremos que decir en nuestra Memoria del año que viene sobre la presencia de una importante comunidad de gitanos rumanos entre nosotros. Si España les deja entrar y permite que se queden, alguien tendrá que ayudarles para que no sufran además de la lejanía de su tierra y la separación de sus familias, la indignidad de vivir como animales, pobres entre los pobres, sufriendo la doble marginación de ser inmigrantes y gitanos.
JUAN DE DIOS RAMIREZ-HEREDIA
Presidente
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