   
PRESENTACIÓN
La
publicación que hoy presentamos da cumplimiento a un acuerdo tomado
por la Asamblea General de la Unión Romani. Tras un amplio y enriquecedor
debate, los delegados encomendaron a la Junta Directiva de la federación
que elaborara un documento que reflejara el pensamiento gitano de hoy
en día. La redacción final del documento debía estar
precedido de amplias consultas, sometido a la consideración de
los órganos constitutivos de la Unión Romani y aprobado
por quien estatutariamente tiene facultades para poderlo hacer: la Asamblea
General. Con este documento, pues, propiciamos que la próxima Asamblea
General de la Unión Romani ratifique su contenido o lo modifique
en la medida en que libre y democráticamente así lo entiendan
los delegados.
No
obstante, a mí me complace extraordinariamente dar fe del proceso
democrático y genuinamente gitano que se ha seguido hasta llegar
a la redacción final del documento. Cuando Antonio Torres Fernández,
Diego Luís Fernández Jiménez, Chimo López
Bustamante y Amara Montoya Gabarri aceptaron el encargo de la Junta Directiva
de constituirse en comisión redactora del documento ya habían
intervenido en el proceso todas las asociaciones federadas en la Unión
Romani, los miembros del Consejo de Ancianos, los integrantes del Comité
Consultivo de las Autonomías y una buena cantidad de gitanos y
gitanas de toda España a quienes se solicitó la colaboración
pidiéndoles, por escrito, aportaciones personales con el fin de
que el resultado fuera lo más plural y representativo posible del
pensamiento gitano, hoy, en las postrimerías del siglo XX. Especial
mención se debe hacer de las aportaciones del Instituto Romanò
de Asuntos Sociales y Culturales recogidas, mayoritariamente, en los comentarios
editoriales del periódico "Nevipens Romani". Finalmente,
la Junta Directiva en pleno lo aprobó tras una dura discusión
sobre la virtualidad de algunos párrafos y lo sometió a
la consideración del Comité Nacional que, reunido en Sevilla
el día 26 de noviembre de 1994 lo analizó, debatió
su contenido, enmendó algunos puntos y lo aprobó, al final,
por unanimidad.
La defensa de nuestra cultura: un derecho irrenunciable
Se
dice en el Documento que una de las banderas que con más ahínco
enarbolan los pueblos minoritarios que viven en condiciones de subordinación
a las grandes comunidades es precisamente lograr el reconocimiento del
derecho a la diferencia. Por eso, sería una grave irresponsabilidad
por nuestra parte ignorar que, sólo en la medida en que reafirmemos
nuestra conciencia de pueblo con una historia definida, con unas costumbres
peculiares y con una cultura única, estaremos en el mejor camino
para defender nuestros derechos y exigir el respeto que merecemos.
La verdadera motivación
que empuja a la mayoría de los gitanos comprometidos con el futuro
de nuestra comunidad es el deseo de reafirmar nuestra identidad colectiva
como pueblo, portador de una cultura y una historia comunes. La lucha
de la comunidad gitana por lograr el pleno disfrute de sus derechos ciudadanos
tiene múltiples facetas que van desde la exigencia de que se nos
respete y acepte tal como somos, es decir, como sujetos portadores de
una cultura distinta hasta las reivindicaciones más urgentes que
hacen referencia a la conquista de los medios indispensables para vivir
con dignidad. Para nosotros, hoy, la dicotomía sigue siendo la
misma a la que se enfrentaron nuestros antepasados cuando llegaron a Europa:
subsistir y no renunciar a ser lo que somos.
Las asociaciones gitanas,
fundamentalmente, se encargan de gestionar programas que persiguen antes
que nada asegurar la subsistencia de nuestra comunidad. Estas organizaciones,
en contacto diario con la realidad y con la gente a quienes representan,
saben muy bien que por encima de cualquier filosofía antropológica
o cultural está "primero vivir". Así lo demuestra
el hecho de que el 99 por ciento de las subvenciones que se logran de
las diferentes administraciones públicas estén dedicadas
a paliar problemas de vivienda, de trabajo, de educación o de discriminación
en sus más variadas facetas.
La Unión Romani,
consciente de esa realidad y sin posponer ni un ápice su permanente
denuncia de las injusticias, colaborando con las asociaciones en el mejor
aprovechamiento de sus gestiones, no olvida, sin embargo, que lo más
importante para nosotros es ser fieles a nuestra tradición, a nuestros
antepasados, a nuestra familia y a nuestra historia. Por eso reclama permanentemente,
junto a una forma de vida más justa y solidaria el derecho a ser
seguir siendo gitanos con la dignidad de serlo. No como una concesión
de la sociedad mayoritaria, sino como el reconocimiento que exige el respeto
a los derechos humanos y
a la diversidad cultural que impregna a toda la sociedad.
Gitanos
y gitanas del siglo XXI
Este
documento pretende ser el principio de un gran debate. Un debate en el
que el protagonismo lo deben ostentar única y exclusivamente los
gitanos. Confiamos en que así sea y nos reserven esta parcela quienes
se resisten todavía a dejar de ser el niño en el bautizo,
el novio en la boda y el muerto en el entierro. Al fin y al cabo el destino
del pueblo gitano será el que quieran sus componentes y no el que
nos pretendan imponer desde fuera los manipuladores de siempre.
Ya existen entre nosotros
gitanos y gitanas con la formación adecuada para opinar con conocimiento
científico sobre nuestra realidad. Los propios, conceptos "emic"
y "etic" de la cultura que hasta ahora estaban reservados a
los investigadores –gadyè– de la antropología
cultural son términos que algunos gitanos y gitanas manejan con
soltura en sus escritos. Y deben ser estos mismos gitanos y gitanas los
que den la respuesta autorizada a lo, interrogantes de cómo describir
adecuadamente una cultura en su totalidad haciendo la debida distinción
entre los elementos mentales y conductuales de sus componentes.
Cuál será
nuestro comportamiento cultural en el futuro es algo que no se puede predecir
por el hecho de que conozcamos un simple conjunto de normas vigentes ahora.
Las reflexiones que siguen a continuación ni siquiera constituyen
un catálogo de conductas. Y mucho menos se da respuesta a patrón
universal formado por las tres divisiones principales: infraestructura
estructura y superestructura, con que se realiza el estudio cultural de
las comunidades. Tampoco lo hemos pretendido. Nosotros, los gitanos que
tenemos la mente puesta en la vida que espera a nuestros hijos en el umbral
del siglo XXI, somos partidarios de quienes sostienen que la cultura está
codificada en el cerebro y no en los genes. Los pueblos evolucionan y
las culturas con ellos en la medida en que los conocimientos, la educación
y 1a información son capaces de alterar la codificación
cultural del cerebro. Por eso queremos más información para
nuestros jóvenes, más y mejores conocimientos para nuestros
niños y mayor capacidad de intercalación do nuestros adultos
con la sociedad mayoritaria. Queremos que, en pie do igualdad, puedan,
unos y otros, defender sus propias concepciones de la vida La Unión
Romani –y con ella muchos miles de gitanos españoles–
reconoce que no está en posesión absoluta de la verdad
gitana y que, además, tiene la duda permanente de saber si
lo que hace es lo que más puede favorecer a las generaciones futuras.
Y desde el reconocimiento de sus propias limitaciones trabaja sabiendo
que su esfuerzo puede y debe ser provechoso para despertar las inquietudes
de la juventud gitana. Al fin y al cabo el futuro será de ellos.
A nosotros nos gustaría que estas consideraciones las tuvieran
en cuenta para que el día de mañana construyan su futuro
sobre lo que es el Fundamento del Pensamiento gitano, hoy.
JUAN DE DIOS RAMIREZ-HEREDIA
Presidente
de Unión Romaní
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