31.05.2011

BERLUSCONI HA PERDIDO MILAN Y NAPOLES

A todo racista le llega su San Martín. Creo que es así como lo dice el sabio refrán castellano. Y a Berlusconi, -como antes le llegaron a sus predecesores fascistas de mitad del siglo pasado-, ha empezado a llegarle su desgracia personal para la que tantos méritos ha cosechado. Milán y Nápoles le han dado la espalda y a pesar de los monumentales esfuerzos que ha realizado para desprestigiar a sus oponentes, los ciudadanos italianos de estas dos importantísimas ciudades han reprobado tanto su política racista y xenófoba como su estilo chulesco y amoral del que ha presumido durante los últimos años.

Berlusconi ha perdido Milán mientras visitaba Rumanía para entrevistarse más tarde con el presidente Traian Basescu. Sarcasmo de la vida, Silvio Berlusconi ha perdido Milán, su ciudad natal, la capital industrial y financiera de Italia mientras visitaba el país del que son naturales tantos y tantos gitanos a los que ha oprimido, violentado y expulsado por haber cometido el gran delito de los tiempos modernos: ser ilegales. Ilegales porque acuciados por el hambre, la miseria y la persecución habían creído encontrar en Milán un respiro en su andadura y la esperanza de una vida algo más llevadera.

Milán, gobernada por la derecha del partido de Berlusconi, no se ha dejado engañar y no se ha creído que el aspirante a la alcaldía,  Giuliano Pisapia, un líder de centro-izquierda, fuera a entregar su ciudad a los musulmanes y a los gitanos. De la misma forma que en Nápoles el candidato de centro-derecha ha perdido la alcaldía frente al candidato de centro izquierda Luigi de Magistris.

 

La derecha democrática italiana ha votado contra Berlusconi.

 

Esta es una conclusión fácilmente deducible que debería hacer pensar a quienes desde la demagogia infunden el miedo a la ciudadanía. La política racista, especialmente en tiempos de crisis, suele ser rentable para los partidos de extrema derecha, pero también lo es para  otros que aún siendo inequívocamente democráticos, pueden sentir la tentación de pescar en río revuelto. En España sabemos algo de eso y las últimas elecciones municipales así lo han puesto de manifiesto. Como decía Santiago Rusiñol, “engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil”. Técnica perversa que han seguido algunos para conseguir triunfos espurios basados en el engaño fácil de la masa. Al fin y al cabo, muchos dictadores también llegaron al poder aupados por el voto de sus conciudadanos.

Pero al final se impone la razón. Los milaneses y los napolitanos que durante años han dado su apoyo a Berlusconi y a sus candidatos esta vez han dicho no. En Milán y en Nápoles es difícil un triunfo del centro-izquierda, pero ahora no ha sido así. Buena parte de los italianos y las italianas que tradicionalmente votaban a la derecha han dicho basta y no se han creído que la oposición venía con el espantajo racista de ver convertida su ciudad en la “gitanápolis” con que Berlusconi había amenazado a los milaneses.

Y es que como dijo aquel hombre célebre: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, a algunas personas todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

 

Juan de Dios Ramírez-Heredia

Presidente de Unión Romaní

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