| 15-30.6.2003/Juan
de Dios Ramírez-Heredia, presidente de la Unión Romaní
Parece obligado que en mi intervención dedique
al menos tres minutos, espero que no más, a decir por que celebramos
hoy el Día del Pueblo Gitano y qué razones justifican que
hoy, en todo el mundo, se esté celebrando este acontecimiento.
Tengo la inmensa suerte de haber participado cuando era
muy joven y recién llegado a Barcelona, en una reunión en
Londres, el 8 de abril de 1971, que fue el origen que justifica la celebración
del día de hoy. Aquel día, señor Presidente, nos
reunimos en Londres, gitanos y gitanas procedentes de 25 países.
Fue una reunión muy pomposamente llamada entonces Congreso Internacional
de Intelectuales Gitanos. Por cierto, aprovecho la oportunidad, ya que
veo en la presidencia de este acto a una persona de Cáritas de
Barcelona, para manifestar que esta institución fue quien pagó
mi billete de avión para poder participar en aquella reunión.
En Londres nos encontramos un grupo de gitanos y de gitanas
de todo el mundo, para reivindicar nuestras señas de identidad.
Fue hermoso. Fue mi bautizo con la lengua gitana. Fue la primera vez que
oí hablar a gitanos de Rusia, de Centro Europa, de algunos países
americanos, y vi que todos se entendían en el mismo idioma. Y para
mí la sorpresa fue mayor cuando prestando atención a la
forma de hablar de aquellos gitanos y gitanas, me dije: "Pero si
están utilizando las mismas palabras que yo utilizo en Puerto Real,
en Cádiz, donde nací. Están utilizando el mismo idioma
que mi familia”. ¡Claro que me costaba trabajo entenderles! Porqué
ellos hablaban en un idioma que conservaba sus reglas gramaticales propias,
mientras que los gitanos de la Península y del sur de Francia las
habíamos perdido. Pero estaban utilizando exactamente el mismo
idioma, las mismas palabras que utilizamos los gitanos en la Península.
Reconocimiento como pueblo
Paso ahora a resumir el contenido de aquella semana de
reunión en Londres. Llegamos a unos cuantos acuerdos, que son los
que justifican, en gran medida, la celebración del día de
hoy.
El primero de todos ellos, señor Presidente, fue
solicitar de las Naciones Unidas nuestro reconocimiento como pueblo. Queríamos
que las Naciones Unidas otorgaran a los doce millones y medio de gitanos
que vivimos en el mundo un estatuto de reconocimiento cultural. Encargamos
esta gestión a un ilustre médico gitano suizo-alemán,
el doctor Jan Cibula. Algunos le ayudamos ilusionados en su empeño.
Tardamos casi nueve años en que se produjera ese reconocimiento
pero, efectivamente, en el mes de febrero del año 1979, las Naciones
Unidas otorgan al pueblo gitano mundial, un estatuto similar al que tenía
la OLP de Yasser Arafat. La diferencia estaba en que la OLP reivindicaba
la integridad de su territorio y los gitanos no reclamamos ninguno en
concreto. Nosotros decimos que nuestra patria es aquella en la que han
nacido nuestros hijos. Como dijo Virgilio, donde está mi casa ésa
es mi patria. Aquella primera resolución, pues, tuvo un feliz cumplimiento.
Segundo, se acordó la institucionalización
de la bandera gitana. Un pueblo necesita una bandera, un símbolo
al que acogerse y que le represente. Efectivamente, yo recordaba haber
visto a muchos gitanos llevando la bandera azul y verde en sus rulotes
y en sus carromatos, pero fue en aquel momento cuando se institucionalizó.
Y allí acordamos, sin ningún tipo de discusión, que
ése debía ser el símbolo del pueblo gitano universal.
Dos franjas del mismo ancho: la de arriba azul, significando que todo
el pueblo gitano tiene por techo el azul del cielo; la de debajo verde,
el verde de los campos, símbolo de un pueblo itinerante que entiende
que las fronteras son todas artificiales porque como ciudadanos del mundo
pertenecemos a la misma comunidad, que es la comunidad humana.
Tercer gran acuerdo del día 8 de abril de 1971:
tener un himno, el himno gitano, un himno que lo pudiésemos cantar
en nuestras reuniones, que fuera el símbolo musical de nuestra
cultura y de nuestras tradiciones.. Allí conocí al autor
del himno, un inteligente gitano ruso, afincado en París desde
hacía mucho tiempo, Jarko Janovich. En las noches gitanas londinenses
tocaba con su balalaica un himno que nos parecía muy emocionante.
Pero sobretodo, señor Presidente, fue una guapísima gitana
rusa, Radja Rudikova, la que nos sorprendió interpretando aquel
himno que había compuesto Jarko Janovich. ¿Quién
era Radja Rudikova? Posiblemente era nuestra Carmen Amaya bailando o,
tal vez, nuestra Lola Flores con su fuerza y con su embrujo. Yo recuerdo
que cuando aquella gitana, sobre un improvisado tablao, cantaba el Gelem,
Gelem en recuerdo de las víctimas del nazismo, del medio
millón de gitanos que murieron gaseados en las cámaras de
gas, todos llorábamos. Ella, tirada en el suelo, —mientras Jarko
Janovich tocaba la balalaica—, aporreaba la tarima doliéndose por
el recuerdo emocionado de tantos niños, de tantos jóvenes,
como murieron en aquellos campos de exterminio. Y su voz se quebraba diciendo,
en un interminable lamento: Ay Romale, Ay Chavale, "Ay nuestros
niños gitanos, Ay nuestros jóvenes gitanos".
Casi sería obligado, señor Presidente, en estos momentos
hacer un paréntesis para decir: no a la guerra. Para decir no a
cualquier acción que mata a la gente, para recordar, como no, a
los gitanos y a las gitanas que viven en Bagdad, que viven en Bassora,
que viven Kosovo o en cualquiera de los lugares del mundo donde hay conflictos
armados. No olvidamos que muchos gitanos viven en Afganistán, en
Irán, el Irak, en Turquía… Ese es el camino lógico
que siguieron nuestros antepasados cuando salieron de la India. Hoy muchos
hermanos nuestros se han encontrado en medio de una guerra que les es
ajena pero de la que sufren sus terribles consecuencias.
La lengua gitana
El siguiente acuerdo de la reunión de Londres
de 1971 fue crear una comisión que trabajara para lograr la: estandarización
de la lengua gitana. Nos dimos cuenta de que hacía falta poner
en marcha un movimiento importante de homologación de nuestro idioma,
para que todos los gitanos nos pudiésemos entender con facilidad.
Y también para encontrar la forma de superar las dificultades derivadas,
en la escritura, de los caracteres eslavos tan presentes en nuestro idioma.
Se creo esa comisión y desde entonces se han hecho grandes avances
en la estandarización del romanò.
Y con esto termino señor Presidente. El día
8 de abril de 1971, como se ve, fue una fecha de gran trascendencia para
nuestro pueblo. Por eso la hemos elegido como Día Internacional
del Pueblo Gitano. Es una fecha idónea para reafirmarnos en el
deseo de consolidar nuestras señas de nuestra identidad colectiva.
Señas de identidad de un pueblo extendido por toda la tierra y
que enriquecen, en definitiva, a la humanidad.
Y aquí estamos señor Presidente. Hoy los
gitanos de todo el mundo van a celebrar la “Ceremonia del Río”.
Y lo van a hacer en la India, en Chandigarh, en Rumania, en Dubai, en
Praga, en Sofía, en Estambul, en Bielorrusia, Minsk, en Austria,
en Buenos Aires, en Bosnia, en Toronto, en Bulgaria, Vidin, en Zagreb,
en Kosovo, en Verona en Italia, en San Francisco en los Estados Unidos,
en Colombia, en Londres. Son los últimos datos que tengo de la
participación anunciada de los gitanos en la fiesta de hoy. Y también
quiero decirle, señor Presidente, señoras y señores
parlamentarios, que hasta Su Santidad El Papa ha encendido una vela por
los intereses del pueblo gitano, pidiéndole a Dios por nosotros
y porque el día de hoy sea un día de paz universal.
Una jornada histórica
Dentro de unas horas vamos a acercarnos a las orillas del Río
Ripoll. Y las gitanas, señor Presidente, con sus cestas llenas
de pétalos de flores, los van a arrojar a las aguas del río.
Y de la misma manera que el río discurre sin pedir permiso a ninguna
policía de frontera y atraviesa el mundo libremente, esos pétalos
de flores, flotando sobre las aguas del Río Ripoll, simbolizarán
los muchos siglos de itinerancia con que nuestros antepasados han recorrido
el mundo.
Y luego los hombres, en un gesto serio y emotivo, nos acercaremos
también a las aguas del río para depositar sobre ellas una
pequeña vela encendida que recuerde a nuestros difuntos, a nuestros
antepasados, a los gitanos que murieron víctimas en las cámaras
de gas de Hitler, a los que están muriendo hoy en la guerra de
Irak o en tantas otras guerras del mundo.
Gracias señor Presidente. Me complace reconocer que,
una vez más, Cataluña es pionera, en la causa de la libertad
del pueblo gitano.
En esta tierra nació hace ya años el movimiento
gitano organizado. Y ha tenido que ser aquí donde por primera vez
en España, la máxima institución que representa a
todos los ciudadanos, como es su Parlamento, nos acoja y nos agasaje.
Hoy, nosotros, señor Presidente, nos sentimos orgullos de nuestra
cultura gitana, cultura que queremos mantener y al mismo tiempo compartir.
Muchas gracias.
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